El hecho de que haya un día dedicado a los migrantes es una buena ocasión para pararse a reflexionar un momento sobre una situación que es constitutiva del ser humano. Y hacerlo movidos no sólo por un mero afán especulativo, sino también por un objetivo práctico. Se trataría de fomentar un debate fundamentado en principios que lleve a garantizar mejor la protección de los derechos de todos los migrantes, dondequiera que se encuentren y sea cual sea su situación.
El desplazamiento a lo largo y ancho del planeta en búsqueda de un entorno propicio en donde satisfacer sus necesidades básicas o en donde mejorar las condiciones de vida es “una cualidad innata” de los seres humanos, una cualidad, que, como afirma Livi Bacci (2012, 10), “ha hecho posible la supervivencia de cazadores y recolectores, la dispersión de la especie en los continentes, la difusión de la agricultura, el asentamiento en espacios vacíos, la integración del mundo, la primera globalización del siglo XIX”.
Hoy, en 2013, la cifra de migrantes ha alcanzado un nuevo récord histórico: son 232 millones de personas, un 3,2% de la población mundial, las que residen fuera del país en que nacieron (cf.UN DESA 2013).
* La conmemoración del Día Internacional del Migrante se estableció en 2000 por las Naciones Unidas. Era también una forma de refrendar la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, que había sido adoptada diez años antes por la Asamblea General (en su resolución 45/158, de 18 de diciembre de 1990).

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